¿Quo vadis Cataluña? ¿Quo
vadis España?
Aportación al debate, por P.
Antonio Ruíz Serrano, portavoz político de ESC.
Y Pte. del CEDESC, ante la Asamblea General Federal de Izquierda Socialista
del PSOE del próximo 15/12/2018.
Como introducción, he de
reconocer que esta aportación debía haberla elaborado antes, puesto que la
transcendencia de los acontecimientos políticos que se han venido viviendo entre
Cataluña y España bien lo merecía, pero como cada día se venían produciendo un
nuevo órdago o propuesta de alguno de los intervinientes de la actual
confrontación, hacía aconsejable una cierta espera hasta que fuese posible una
cierta estabilidad política. Esta modesta contribución la desglosaré en varios
apartados, para su mejor comprensión. Vamos a ello:
1º ¿Cómo se ha llegado a la
actual situación?
El error inicial podríamos
situarlo con motivo de la elaboración de la Constitución española de 1978, en
la que so pretexto de la correlación de empate técnico de las fuerzas políticas
democráticas y los restos del franquismo, además de la amenazante supervisión
del ejército, se pactó un compromiso político en el que quedaron sin resolver
dos temas claves, entre otros más, que son: el tema de la Monarquía o República,
y el referente a la configuración de un Estado federal, en el cual el
asentamiento de las nacionalidades (o naciones) históricas tuviesen su reconocimiento
más auténtico y real, pues el problema vasco y el catalán no dejaría de
solucionarse sin el consenso explícito con las fuerzas más representativas de
Cataluña y Euskadi.
Es decir, los actuales lodos proceden de aquellos barros.
Pese a la actitud
posibilista del presidente Tarradellas y el pragmatismo del entonces jefe del
Gobierno, Adolfo Suárez, dio lugar a una fórmula que permitió dar la impresión
de que el asunto crónico de los nacionalismos históricos más asentados quedaba
resueltos para todo el futuro político que teníamos ante nosotros.
Otro momento político clave
cabe fiarlo durante el Gobierno socialista de José Luís Zapatero, que se
comprometió tanto con aquella expresión de “aceptaría el Estatut que fuese
votado por el pueblo catalán”, pero que no pudo respetarse tal cual porque tras
pasar por Madrid y ser rebajado en las negociaciones llevadas a cabo en el
Congreso de los Diputados, el texto definitivo fruto de los citados pactos o
consensos fue impugnado por una desenfrenada campaña política del PP ante el
Tribunal Constitucional, de mayoría conservadora, que redujo el texto inicial
aprobado en Cataluña a la nada, y esto originó el resurgimiento e incremento de
los sectores más independentistas, que de un escaso 15% de apoyo electoral
posibilitaron un crecimiento hasta llegar al actual 48%, aproximadamente. Con la
particularidad de que la movilización es impresionante y enganchando en le
sector más joven de los catalanes, lo que significa un dato de capital
importancia cara el futuro del proceso independentista. Y menos mal que los
dirigentes que encabezan el actual movimiento han optado por la vía pacífica.
2º ¿Por qué no se ha
producido una proclamación y el pleno ejercicio del derecho a la
autodeterminación?
Pese a una movilización masiva,
y repetida, de más de un millón de personas que han venido exigiendo el
reconocimiento de todos los derechos que le corresponderían a Cataluña como
nación, superando el marco de simple comunidad autónoma recogida en la
Constitución española del 1978, así como el respaldo electoral, sucesivo, de
alrededor del 48% de los votos emitidos, ello no se ha traducido en que se
reconociese por el Estado español el derecho a decidir del pueblo catalán, sino
a dar un paso atrás con la implantación del artículo 155 de la Constitución
anulando varias leyes y resoluciones y leyes del Parlament de Cataluña.
La pertenencia a la Unión
Europea y la necesidad de contar con la unanimidad y acuerdo de todos sus
miembros para una cuestión tan clave como el derecho a segregarse de uno de los
Estados miembros de la Unión Europea, por el precedente que estimularía a
regiones y territorios similares en Italia, Francia, etc. hacía inviable el
reconocimiento como nuevo Estado – o sujeto político europeo – a Cataluña.
Y no de menos importancia
hay que reseñar el hecho de que otro gran porcentaje de ciudadanos catalanes,
procedentes de las otras autonomías, y que se sitúa en un 52% aproximado, no entiende que la prioridad,
en estos momentos de gran crisis económica y social, se abra un nuevo frente
político e ideológico-cultural con un futuro de lo más incierto, hasta el punto de que la misma
CUP, en un momento dado, reconoció que con un porcentaje que superase el 55% (o
sea, que no superase el 55%) a favor de las opciones políticas a favor de la
independencia, no sería posible por no contar con el apoyo suficiente.
Y porque para que cuaje una
iniciativa de tal calado, hay que contar con la comprensión y el apoyo de los
ciudadanos y militantes políticos de las restantes fuerzas políticas a nivel de
Estado.
Y si no se hace así, con una campaña demagógica las organizaciones de
derecha yo extrema derecha (PP., Cs, VOX…) se beneficiarían de un crecimiento
importante que posibilitaría, no ya la independencia, sino la pérdida de las
competencias actuales. Y esto no sólo es una posibilidad hipotética, sino que
ésta es una realidad vivida con los últimos años de Gobierno del PP (con
Mariano Rajoy al frente) y sin que el equipo que lo ha sustituido tenga una predisposición
más avanzada y tolerante sobre la cuestión catalana.
El expresident Artur Mas lo
acaba de reconocer – ver La Vanguardia
del 9 de diciembre de 2018 – interviniendo en el debate con el siguiente
argumento: “con una mayoría de Vox, PP y Cs, las consecuencias pueden ser mucho
peores”.
3º ¿qué propuesta política
cabe hacer desde el Gobierno actual de España, presidido por Pedro Sánchez, y
ayudado desde Cataluña por el PSC?
Ahora nos encontramos en una
nueva realidad política, en la que no basta un mero mercadeo de acuerdos
políticos entre los dirigentes nacionalistas y no nacionalistas, porque hay una
realidad de más de un millón de catalanes movilizados y participando en cuantas
convocatorias se llevan a cabo y éstos nos están diciendo que no están dispuestos
a dar un voto incondicional a ninguna organización, por muy catalanista o
independentista que se autoproclame.
Hay que partir del principio
que existe y que hay que abordar la tremenda crisis existente a nivel
internacional (o global) y dentro de la Unión Europea. Y por ello se impone una
nueva relación entre todos los países, basados en la paz y la cooperación internacional,
pues sólo con la finalización de la carrera de armamentos se podrá afrontar una
reorganización de una nueva economía a nivel global, pues con los recursos
económicos que se generen a nivel global terminando con las guerras
actuales futuras, y con la eliminación
total delos llamados paraísos fiscales, se podrá abordar con profundidad y
efectividad la inversión de los llamados países del Tercer y Cuarto mundo,
evitando así las cada vez más masivos y continuos desplazamientos de
inmigrantes, expuestos al rechazo, la explotación y a la muerte. Y para ello,
se impone una democratización efectiva y un compromiso en favor de la sociedad
en su conjunto delos organismos internacionales existentes, pues sólo así será
posible abordar las reformas que exigen la preservación de la naturaleza,
sustrayéndola de los intereses de las grandes multinacionales que la explotan
en su exclusivo, malvado y egoísta interés.
Hemos de resaltar que el
PSOE, precisamente el PSOE, no fue fundado para gestionar la economía según los
intereses capitalistas (movidos por un insano y egoísta afán de lucho), ni
tampoco como partido para sostener a la monarquía.
La justificación que se
viene haciendo por el apoyo dado por el PSOE a la actual constitución del 1978,
ha sido el que la correlación de fuerzas en su día no nos permitía lanzarnos
con garantía de éxito por la vía de la ruptura. Al cado de un más que prudente
espacio de tiempo (40 años de monarquía) cabe abrir un debate interno sobre las
ventajas y desventajas de trabajar en el actual marco político. Desde la
Dirección del PSOE se reconoce que hay que ir hacia una renovación de la
Constitución de 1978, pero como socialistas no podemos hacerla para mayor
comodidad del Rey o Reina que acceda al Trono, por lo tanto, habría que
afrontarla con carácter mucho más profundo, aunque lo ideal sería abrir un
nuevo proceso constituyente, y suprimiendo o reformando en profundidad, vaya
como sugerencia y ejemplo, los actuales artículos 2º, 8º, 16.3, todo el Título
II (de la Corona): del art. 56 al 65, ambos inclusive, etc.
En una palabra, el PSOE
tendría que debatir en una conferencia política especial la propuesta de
proponer un referéndum específico sobre la Monarquía o República, y haciendo
éste propaganda específica a favor de la República, por considerarla más
democrática y de acuerdo con la tradición histórica de nuestra organización, y
dado el deterioro de la credibilidad y comportamiento de Juan Carlos I y Felipe
VI.
En Cataluña, el PSC debe
recuperar su histórico “derecho a decidir”.
Debería gestionar ante el
Gobierno de Pedro Sánchez, como objetivo político urgente, la inmediata
libertad de los presos políticos catalanes que se encuentran encarcelados, pues
este gesto valdrá más que mil palabras para situar al PSC en un enclave central
para propiciar un acuerdo más amplio y completo con las fuerzas políticas catalanas
de izquierda, y salir del atasco actual.
Deberíamos ofertar la
propuesta de retrotraernos al texto del Estatut, aprobado siendo jefe del
Gobierno, J. L. Rodríguez Zapatero, y antes de ser destrozado por el Tribunal
Constitucional, a instancia del PP y proponer una propuesta de un avanzado
Estado Federal.
Reiniciar contactos políticos
con toras fuerzas políticas de la izquierda de Cataluña, para explorar posibles
apoyos y/o acuerdos de gobierno municipal tras las próximas elecciones
municipales del próximo año 2019, evitando así coaliciones entre el PP, Cs y
VOX.
En cuanto a Pedro Sánchez
(en su condición de presidente del Gobierno) recomendarle alargar el máximo la
convocatoria de las elecciones generales, y mientras tanto realizar el máximo
de reformas posibles y que permitan constatar las notables diferencias con las
llevadas por Mariano Rajoy y el PP en su gestión de Gobierno.
Antonio Ruíz Serrano
cedesc1996@gmail.com
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